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DE EMERGENTES Y EMERGENCIAS
(Un vistazo al Primer Concurso Centroamericano
de Artistas Emergentes)
Adriano Corrales Arias *
¿INGRESAMOS?:
La información caótica, ambigua, cruzada en bandas de diferentes medios, ahoga a la urbe. Las fronteras espaciotemporales de la corrediza identidad se distorsionan en monitores y paredes con la emergencia del abrazo o la venta subliminal de rencores. Las antenas, los celulares, las vallas publicitarias, la síncopa amanerada de las pasarelas, cuestionan el papel de la representación en imágenes con fárragos de inconsistente liviandad, o desgarradora oferta de pubis adolescentes o veranillos infantiles. El espacio urbano del tercer mundo centroamericanamente globalizado está condicionado y no es habitable: las maras se enfrentan con armas de guerra, los chapulines acechan, las barras trascienden el estadio y la jornada futbolística. La historia / histeria cotidiana sigue creciendo en la culpa del miedo enrejado en la salvación posmoderna de la fuga bohemia o violenta, o en la basura sintética que desdibuja al ser humano. Allí se asoman los sin rostro en las calles de la amargura, personas como objetos de búsqueda comercial en las coordenadas del mercado urbano con la imagen de los que ya no están, los que se han ido. El arte se balancea en la cuerda floja de la mercancía y del status quo. La obra colectiva y anónima nos habla, ciertamente, del dolor que nos espera.
¿Será esta amplia puesta en escena dislocada en diversos soportes y lenguajes por las cuatro salas del MADC, la síntesis de la expresión de artistas emergentes centroamericanos, o más bien la emergencia de un arte que se busca afanosamente en sociedades que colapsan con la entrega de sus más caras identidades? ¿Recoge esta muestra / espectáculo la variedad de expresiones nuevas y alternativas de las artes visuales regionales, o es más bien una serie de imágenes, objetos, líneas, texturas, clicks, silencios que se muerden la cola en salas de espejos que nos devuelven la imposibilidad del diálogo en los “no lugares” del montaje posmoderno?
Se ha insistido mucho en cuanto a la categoría de “emergente”, en tanto salir a flote. Emerger es salir a la superficie. Pero, ¿desde dónde se emerge? Porque nada emerge, o brota, espontáneamente de la nada. ¿Desde el anonimato o desde la invisibilización? Y en todo caso, ¿hacia cuál superficie? ¿La del reconocimiento institucional con un premio o una mención, la de la flotación por circuitos y galerías que comercializan su espinazo en la luz disolvente del producto, la de la celebridad de 15 minutos en los medios comerciales de incomunicación, o a la de la confrontación con un público enajenado por ese arte edulcorado y edulcorante? ¿Acaso será ese el término correcto para conceptuar la incipiente propuesta de artistas que no poseen espacio ni cobertura en el mercado local y regional de eso que llamamos arte?
¿OBSERVAMOS?:
La irrupción de las técnicas de montaje a partir del “ready made” de Duchamp, con su carga de espectáculo y su “espejismo del sentido” o “estética del vaciamiento” (Izquierdo, 1990) transformó la modernidad occidental tanto en términos artísticos como estéticos. Estas técnicas se introducen de una manera diferente en la pluralidad de modernismos, con su diversidad específica, tanto geográfica, sociológica como estética. Dicho de otra manera, el trauma que sufre el concepto tradicional de las artes plásticas con la emergencia de las técnicas de montaje, se expresa de diversas maneras en los diferentes modernismos: europeo, norteamericano o latinoamericano, para hablar de los que más nos competen. De hecho el trauma se reedita constantemente en diversos sitios, pero sus resultados no son siempre los mismos, es decir su significado varía constantemente.
Es importante recordar entonces que las técnicas de producción vinculadas al montaje, a la intervención de objetos o al instalacionismo con el soporte de las tecnologías de punta, fortalecen la subjetividad, tanto del artista como del receptor, en tanto lectura abierta de un depósito de fragmentos o un caos que se recompone dialécticamente. El sujeto es una paradoja ambigua, fragmentaria, una totalidad inorgánica, mejor dicho una no totalidad. Estamos pues en presencia de un nuevo concepto de subjetividad, el cual se expresa en contextos y prácticas diversas que algunos teóricos y críticos insisten en denominar como posmodernas. Retomando a Michel Foucault, podemos decir que se está enjuiciando al sujeto de la modernidad, atravesado por la plural estrategia discursiva del poder.
Lo anterior es fundamental, toda vez que son las técnicas de producción de discurso en sus diversas prácticas artísticas, las que deben analizarse históricamente, para comprender la especificidad de esas mismas prácticas y sus posibilidades de expresión. Es decir, se trata de analizar la traducibilidad de problemáticas locales – caso de Centroamérica - desde el uso de las variadas técnicas de producción en sus artes visuales. Si en la periferia, en el sur, la esfera de los estético no es autónoma, como puede serlo en Estados Unidos o en Europa, pues el campo artístico siempre está politizado por esa emergencia casi natural que tiene el artista, especialmente latinoamericano, por transgredir el ámbito cerrado de la estética en el marco de enfrentamientos ideológicos más o menos sutiles, más o menos brutales; el análisis de las técnicas de producción, en las prácticas artísticas centroamericanas denominadas “emergentes”, es más que una necesidad, pues para el artista regional el arte siempre fue, y es, más que una práctica autónoma: es una institución histórica y sociológicamente determinada. En ese sentido para nuestros artistas el arte, tal y como lo propone el crítico argentino Carlos Basualdo, “es desde siempre un sistema complejo de apropiaciones y resignificaciones” (Basualdo, 1995).
¿SEGUIMOS OBSERVANDO?:
Y es sobre esas apropiaciones y resignificaciones que debemos asentar la lectura de esta muestra, la, cual, ya no hay duda, representa a culturas híbridas – como casi toda cultura periférica – , es decir multilingües, pluriétnicas y por tanto multiculturales. Por la cantidad de formatos y técnicas, entre las que sobresalen 16 fotografías, 12 objetos, 10 videocreaciones, 7 instalaciones, 7 pinturas; además de técnicas mixtas, collages, performances o happenings, impresiones sobre formatos diversos, videoinstalación, acción in situ; hasta dibujo y escultura; la muestra seleccionada evidencia el eclecticismo del arte centroamericano alternativo o “emergente”, el cual se debate entre lo figurativo reciclado o desconstruido y una especie de delirio por el video-foto-instalacionismo y el arte performativo a la moda.
Es necesario subrayar la importancia del mercado internacional del arte en la impronta de las diversas técnicas de producción de sentido en las artes visuales. Dicho mercado modela el ritmo de innovación, reedición y redundancia de las “poéticas” o “tendencias” en boga, tal y como se denomina posmodernamente a los diversos lenguajes artísticos. Resta por saber, y es una de las hipótesis que podemos manejar desde este ensayo, si el arte “emergente” centroamericano que - según las diversas propuestas conceptuales de los proyectos en exhibición - lucha denodadamente por desenmascarar las viles practicas del mercado del arte en sociedades de consumo globalizadas y con amplios sectores sociales marginados, más bien desechados del / por el sistema, continúa haciéndole el juego a ese mercado al reciclar y desconstruir las diversas técnicas de producción que el mismo nos propone desde las metrópolis y sus complejos sistemas de bienales, ferias, publicaciones y galerías. ¿Acaso esas técnicas y lenguajes, con materiales y problemáticas locales, logra desmarcarse de la impronta del mercado internacional del arte? Por supuesto, dije que debemos leer el nivel de apropiación y resignificación de estas técnicas en términos de su contextualización, es decir, del grado de coherencia con los contextos socioculturales en que fueron producidas las diversas propuestas. Según el jurado, los tres premios concedidos, así como las menciones y los admitidos en la muestra, de alguna manera cumplen con esa reconceptualización de la problemática centroamericana, la cual se expresa básicamente en “la crítica a la sociedad de consumo, a la violencia social, a la homogenización cultural liderada por Estados Unidos y a otras formas de presión del mundo globalizado” (Acta del jurado).
¿VAMOS SALIENDO?:
Las preguntas que uno se hace a partir de las mismas propuestas del certamen y la muestra, son las siguientes: ¿Debe pugnar el arte “emergente” con la institucionalidad al pasar por el tamiz de tres comisarios /curadores de la misma muestra para poder emerger? ¿No es cierto que el mercado del arte, exacerbado en esta época de globalización bajo esquema neoliberal, con sus extremas medidas de control y castigo disciplinario y de salvaje competencia, plantea sus reglas de juego desde la institución arte representada por el museo y el mismo Concurso, en tanto deben haber ganadores y excluidos?
Más allá de la lectura que propongo me interesa las relaciones de poder que se establecen, y se entrecruzan, entre los diversos discursos que se implementan, tanto desde la institución arte como desde la emergencia por transgredirlos. Ciertamente, cada vez son más agresivas las propuestas de artistas emergentes en torno a la institución arte y a sus diversas y polisémicas relaciones de poder. Pero, generalmente, es la misma institución arte la mediadora entre esas complejas relaciones de poder, mostrándolas, o invisibilizándolas sutilmente. Queda por conocer los proyectos que quedaron fuera de la muestra, para dilucidar si esos cuestionamientos desde la misma expresión artística, o su reverso en el jurado seleccionador, siempre son válidos, o se apartan, por decirlo de alguna manera, de la conciencia estética del artista y / o del crítico o curador, y se afincan en predios extraartísticos, o ajenos al arte. Por ejemplo, habría que analizar si las consideraciones que expuso el jurado se adaptan al espíritu del certamen, de la muestra y de la misma institución museo, tal y como se plantea en el Acta final: “1) que los trabajos escogidos manifestasen no sólo una cierta madurez del autor, sino también un potencial creativo; 2) que de alguna manera los proyectos y obras sintonizaran con cuestiones relevantes para la región centroamericana en la actualidad; 3) que el conjunto elegido reflejara una diversidad de usos y conceptualizaciones de los lenguajes visuales, y esto en particular relación con los contextos en los que fueron producidos; 4) que existiese una compenetración lo más rigurosa posible entre la propuesta presentada al concurso y su justificación teórica.” La cuestión amerita un debate serio y un diálogo de altura para poder arribar a ciertas áreas de consenso, al menos en términos conceptuales.
¿SALIMOS DEL MUSEO?:
Para ejemplificar más claramente lo anterior mencionaré un detalle que, al final es lo que me ha permitido, y comprometido, a escribir esto: la obra “Te necesito”, del artista panameño Ramsés Giovanni, escogida para la muestra por el jurado, no ha sido expuesta (como si lo ha sido su obra “La reunión familiar”) por considerarse atentatoria contra la condición moral de los visitantes al museo, especialmente niños y adolescentes, debido a su carga semiótica evidentemente fuerte. Aunque debo confesar que no he visto la obra mencionada, lo cual me coloca en desventaja, dado que debo atenerme a la descripción hecha por el señor Rolando Barahona, Director del Museo, en Carta Abierta que circulara por internet, y aunque no podemos evaluar, o juzgar, un evento y una muestra como las que nos ocupan, por una obra determinada, me parece que este acontecimiento ilustra atinadamente lo que intento plantear acerca de las ambiguas y contradictorias relaciones de poder entre artista, institución arte y espectador, con todas las mediaciones que dichas relaciones implican, como las del mercado y su parafernalia comercial / publicitaria.
Ahora bien, si la obra es tal y como la describe el señor Barahona, (un autorretrato fotográfico del artista desnudo, erecto y en posición más o menos desafiante, con leyendas que aluden a la oferta del mismo artista como mercancía para la celebridad, es decir como “emergente” para el mercado), me parece que, ciertamente, contiene elementos pornográficos, los cuales, en principio, no serían susceptibles de ser mostrados a un público en general, a sabiendas de que al museo acuden niños y adolescentes. Sin embargo, las cuestiones a las que me remite el asunto son las siguientes: ¿Cuáles son las fronteras entre arte y pornografía? ¿Cuál es el límite entre erotismo artístico y pornografía abierta? ¿Quién decide si una obra artística es pornografía o no: el curador, la administración del museo, el crítico, el espectador? ¿Hay censura al retirar de exhibición una obra como la comentada? ¿Podría exhibirse una obra artística solamente para un público "adulto", como parece haber sugerido el mismo artista panameño? ¿Esa forma sesgada de exponer, sería censura? En todo caso, ¿estamos ante una acción abierta de censura, o podríamos entenderlo como una sana medida administrativa que tiende a la protección de la moral y la dignidad del público?
Como lo recalca muy bien el señor Barahona en la carta mencionada líneas arriba, el arte contemporáneo ha transgredido todas las barreras éticas y estéticas a las cuales hemos estado "acostumbrados", sobre todo con temáticas vinculadas a la revisión del programa disciplinario moderno y la re-conceptualización del cuerpo y de la sexualidad, tal y como leemos en algunas obras de la misma muestra. La cuestión de fondo que no se dilucida en este caso, es a quién le corresponde, en el abigarrado circuito artístico contemporáneo, definir, o decidir, si esas transgresiones son permitidas, o incorporadas al circuito de circulación y recepción que propone, genera y perpetúa la misma institución arte.
¿INGRESAMOS DE NUEVO?:
Volvemos al principio: ¿Desde dónde y hacia dónde emerge el arte “emergente” centroamericano? ¿Es esta muestra realmente representativa del arte “emergente” de la región? ¿Precisamos observar las obras excluidas, o rechazadas, para ampliar nuestro panorama acerca del arte “emergente” o alternativo? ¿Puede y debe una propuesta desacralizadora y transgresora de la institución arte y sus diversos discursos acerca de las relaciones de poder, someterse a los mismos mecanismos discursivos y de poder en un certamen que la acredite o la excluya? ¿Hubo censura al ocultar una obra certificada por el mismo jurado? ¿Quién tiene la última palabra?
¿Será acaso que la institución arte debe ser llevada de inmediato a Emergencias?
BIBLIOGRAFÍA BÁSICA CONSULTADA:
Acta del Jurado, Primer Concurso Centroamericano de Artistas Emergentes, San José, MADC, 2003.
Basualdo, Carlos. MESÓTICA, the america non-representativa. San José, MADC, 1995.
Bozal, Valeriano (Editor). Historia de las ideas estéticas y de las teorías artísticas contemporáneas. Madrid, Visor, 1996.
Cabrera Padilla, Roberto. Arte visual contemporáneo guatemalteco. Guatemala, Agencia Española de Cooperación Internacional-Comunicarte, 1999.
Izquierdo González, Madelín. El dilema del no-sentido y La vanguardia artística y crítica en los caminos hacia una nueva estética: Barthes y Duchamp. En Estética y Arte “Variaciones del Objeto Crítico”. La Habana, Instituto Superior de Arte, 1990.
Adriano Corrales Arias. Escritor e investigador: cazadelpoeta@yahoo.com
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